Cuenta un antiguo relato que antes del comienzo los hombres estaban condenados a deportes sin corazón. Jugaban en un patio de colegio un grupo de jovenes dioses, entre los cuales estaba Webb, amo y señor de la creación. En un destello de astucia y malicia tomó con las manos el balón de aquel deporte extinto llamado futbol, lo llevó hasta el final de la cancha y lo apoyó en el piso. Había nacido el rugby.
Llevó entonces Webb el buen deporte a las colonias inglesas y dejó en la más lejana un entendimiento supremo del mismo. Por décadas quedaría en un segundo plano ante el mundo, pues la gente encontró momentaneamente na distracción en un teatrillo interpretado por 22 tipos que juegan a darse pataditas y a fingir que les duele el más mínimo golpe.
Los dioses del rugby despertaron furiosos ante esto y empezaron a abrirle los ojos al mundo. El buen deporte llegó a nuevos rincones. Más y más gente se fue sumando y dando cuenta que este era un juego bajado del mismísimo Olimpo. Las masas respondieron al llamado. Honor, cooperación y mucha cerveza fueron los regalos ofrecidos desde arriba al pueblo, que hoy por hoy lucha por difundir la palabra en rincones oscuros y ajenos a lo que es bueno.
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al fin leo tu blog, completa los ejercicios que faltan.
ResponderEliminarme gusto la idea de crear un mito sobre el Rugby ja ja
ResponderEliminarEs creativa pero no me parece un mito clasico ni serio.
ResponderEliminarno hay razón para jugar rugby, porque el rugby se juega con el corazón
ResponderEliminarmuy creativo incorporar una alusión a la creador actual del rugby, como un dios
ResponderEliminarLa idea me parece buena pero: ¿funciona un mito sobre el rugby?
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