Toda la laguna estaba hecha una fiesta por el nacimiento de los hijos de la familia Pato. Mamá Pato recibió muchos regalos y Papá una lluvia de felicitaciones por engendrar con éxito 6 patitos que estaban a punto de empollar. Durante el día fueron saliendo del cascarón los primeros 5. Rubios y fornidos, todos hicieron enorgullecer al padre, quien esperaba con emoción al que sería el menor de la camada. Pasaron horas y horas y nada de nada, el cascarón seguía intacto. En la noche se congregaron todas las familias para ver de cerca el acontecimiento, pero el patito nada que salía.
Por fin a las 3 horas se empezó a mover y a descascarar el huevo. De adentro no salió un pajarillo rubio, sino una bola de plumas negra, fea, con el pico medio torcido. Los asistentes, empezando por el padre, estaban desconcertados. Mientras el patito despertaba a la vida haciendo controsiones, la mente del padre se nublaba con un solo pensamiento, que el imprudente señor Rana se encargó de dar a conocer a todos. “¡Cachudo!”, gritóen medio de risas mientras se echaba al piso . ¿Cómo podía tan horrenda criatura venir de él? La furia lo invadió e hizo lo que todo hombre de telenovela mexicana herido de muerte en su orgullo haría en esa situación, largarse.
Mamá Pato hizo lo que mejor pudo para criar a sus 6 hijos sola, pero siempre tuvo problemas con el pequeño Daniel. Sus hermanos lo culpaban directamente por la marcha de su padre y le hacían la vida imposible. Tantos fueron los malos tratos que recibió Daniel, que al llegar a la adolescencia empezó a andar por un camino de perdición del que pocos salen a salvo: se hizo emo.
Pasaba horas y horas escuchando música suicida-depresiva y escribiendo poesías sobre lo injusta y podrida que es la vida. A sus hermanos no les importaba, total, les daba un motivo más para molestarlo. Su mamá se empezó a preocupar, pues oculto tras un enorme cerquillo su hijito se convertía en un ser cada vez más oscuro.
Un día, mientras iba a la escuela, se cruzó con el sapito reggae. Ninguno de los dos tenía muchos amigos, pues todos preferían escuchar a Rana Montana y a los Lombriz Brothers. El sapito trataba de alegrar a Daniel con las tonadas de Bob Marley, pero para resultaban muy alegres para el patito. Los dos se empezaron a llevar cada vez mejor, y el patito poco a poco fue dejando a un lado la moda emo. El sapito siempre le decía “pa, tú con ese color oscuro deberías ser caribeño”. Eso dio mucho que pensar al patito, quien empezó a cambiar las poesías oscuras por rimas urbanas.
Empezó a ir al gimnasio y vestirse con pantalones inmensos que utilizaba colgando de las pantorrillas, exponiendo su boxer a todo el mundo. Empezó a rapear frente a sus compañeros, y el patito gustaba en las fiestas. De a poco se fue haciendo un nombre en las lagunas de alrededor. Cambió su acento y ahora parecía boricua. Usaba cadenas gruesas y anillos en todos los dedos. El patito se convirtió en una estrella.
Luego de muchos éxitos el patito alcanzó el estatus de leyenda por la vía convencional: un tiro de un pandillero que creyó que una canción insultaba a su pandilla. Su familia lo lloró al principio, hasta que un productor de películas se les acercó para ofrecerles filmar una película sobre el legendario Ducuac Shakur. Su madre aún se lamenta porque sí lo quería, sus hermanos porque no recibieron herencia y el padre porque la película hacía hincapié en que era un cachudo.
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